‘Liderar en tiempo real (y en soledad)’, por Patricia Iglesias

Hay algo de lo que se habla poco cuando hablamos de liderazgo. Se habla de impacto. De visión. De resultados. De estrategia. De crecimiento. Pero casi nunca se habla de la soledad.

Justo hace unos días lo comentaba en un post, y aunque me refería al colectivo de profesionales de People, lo cierto es que es muy similar con los perfiles de liderazgo. Y sí, liderar puede ser muy satisfactorio. Puede ser motivador, retador, creativo. Pero también puede ser solitario. Y en un entorno como el AdTech, como el nuestro, donde todo va rápido, donde la presión es constante y donde las decisiones tienen impacto inmediato, esa soledad se intensifica.

Es una realidad. Y como realidad, toca analizarla y prevenir todo lo que pueda derivar de ella. Sobre todo en lo que se refiere a cuidado.

Quiero explicarme bien, porque cuando hablo de soledad no me refiero a estar físicamente solo/a. Muchas personas que lideráis equipos estáis rodeadas de gente todo el día. Reuniones, decisiones, mensajes, urgencias, conflictos, celebraciones. Y hay soledad voluntaria. No hablo de eso.

La soledad de la que hablo es otra:

  • Es la de tener que decidir cuando no hay un 100% de convencimiento.

  • Es la de mantener conversaciones difíciles aunque te incomoden.

  • Es la de ver cosas que tu equipo aún no ve.

  • Es la de cargar con información que no puedes compartir todavía.

  • Es la de asumir errores que afectan a otras personas.

  • Es la de tener que mantener la calma cuando por dentro también dudas.

En AdTech, donde el dato manda, donde el margen de error es pequeño y donde la exigencia es alta, liderar no es solo gestionar. Es interpretar. Es anticipar. Es contener. Y eso desgasta. Mucho.

Durante mucho tiempo se ha asociado liderazgo con firmeza. Con seguridad permanente. Con respuestas rápidas. Con tenerlo todo claro. Y todos/as sabemos que no es cierto. ¿Verdad?

La realidad es que muchas veces no lo tenemos todo claro. Y eso no nos hace peores líderes. Nos hace humanos/as. La presión por parecer siempre seguros/as puede aislar. Porque si crees que no puedes mostrar duda, entonces no puedes compartir carga. Si sientes que no puedes reconocer miedo, entonces lo atraviesas solo/a. Si piensas que vulnerarte debilita tu autoridad, te blindas.

Y el blindaje protege… pero también separa.

La paradoja es que el liderazgo más sólido no es el que nunca duda, sino el que sabe gestionar la duda sin trasladar caos. El que puede decir “esto no es sencillo” sin perder legitimidad. El que puede escuchar sin sentirse amenazado/a. Pero para eso hace falta espacios seguros también para quien lidera.

Además,  cuando todo se mueve rápido, el liderazgo se convierte en un ejercicio continuo de priorización y contención.

  • ¿Qué es urgente de verdad?

  • ¿Qué puede esperar?

  • ¿Dónde ponemos foco?

  • ¿Qué sacrificamos?

  • ¿Cómo protegemos al equipo sin frenar el negocio?

A veces el equipo solo ve la decisión final. No ve el proceso interno. No ve las dudas. No ve el desgaste emocional de tener que elegir sabiendo que cualquier decisión deja algo fuera. Esa parte invisible es la que muchas veces genera la sensación de soledad.

Y si hablamos de soledad, otra capa también es la emocional. En momentos de cambio, de tensión o de incertidumbre, el equipo mira hacia arriba. Busca estabilidad. Busca coherencia. Busca calma.

Y tú, aunque también estés cansado/a, te conviertes en regulador/a emocional. Mides el tono. Filtras el mensaje. Ajustas la intensidad. Mantienes conversaciones 121. Acompañas frustraciones. Detectas desmotivación antes de que se convierta en fuga. Eso pesa. Así pues… ¿Qué hacemos con esta soledad?

Lo primero: reconocerla sin dramatizarla.

La soledad no significa que estés haciendo algo mal. Significa que estás asumiendo responsabilidad. Pero la responsabilidad no tiene por qué vivirse en aislamiento. Algunas claves que he visto que ayudan:

1. Construir red entre líderes.

Necesitamos espacios horizontales, no solo verticales. Conversaciones sinceras entre personas que lideran, donde se pueda hablar sin postureo. Donde se pueda decir “esto me está costando” sin miedo a parecer débil.

2. Practicar la vulnerabilidad estratégica.

No se trata de volcar todo en el equipo. Pero sí de humanizar el rol. Decir “esto también es retador para mí” puede generar conexión en lugar de pérdida de autoridad.

3. Diferenciar entre responsabilidad y omnipotencia.

No todo depende de ti. No todo es tu culpa. No todo es tu carga. Liderar no significa absorberlo todo.

4. Cuidar tu propia energía.

Si tú no te regulas, no puedes regular al equipo. Si tú no paras, el equipo tampoco lo hará. El ejemplo no es un discurso, es una práctica.

5. Pedir ayuda.

Sí, incluso si eres CEO, director/a, manager. Pedir ayuda no es una debilidad. Es inteligencia emocional.

Liderar también es aprender a estar solo/a sin sentirse aislado/a

Hay una parte del liderazgo que inevitablemente es solitaria. Decidir implica asumir. Elegir implica renunciar. Y eso no siempre se comparte.

Pero la diferencia está en cómo vivimos esa soledad.

  • ¿La vivimos como aislamiento o como espacio de reflexión?

  • ¿Como carga o como responsabilidad consciente?

  • ¿Como obligación o como elección?

En AdTech necesitamos líderes técnicamente sólidos, sí. Pero sobre todo necesitamos líderes emocionalmente conscientes. Que sepan que la presión existe, pero que no todo se resuelve apretando más. Que entiendan que cuidar al equipo también implica cuidarse.

Porque un liderazgo agotado no construye cultura sostenible. Un liderazgo aislado no genera confianza. Un liderazgo blindado no crea seguridad psicológica. Y si tú estás ahí…

Si estás liderando ahora mismo y sientes esa mezcla de orgullo y cansancio, de claridad y duda, de impulso y peso… no estás solo/a. La soledad del liderazgo no es una anomalía. Es parte del camino. Pero no tiene que ser un silencio permanente. Hablar de ella no te resta autoridad. Te hace más consciente. Y cuanto más conscientes seamos quienes lideramos, más humanas serán las culturas que construyamos.

Y al final, de eso va todo. De HUMANIDAD.

Por Patricia Iglesias, Chief People & Culture Office de Techsoulogy

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