‘El/la líder que nunca se equivoca genera un equipo que tampoco se atreve a fallar’, por Patricia Iglesias
Hablamos mucho de líderes que dan feedback, que escuchan, que inspiran... Pero hay una habilidad de la que casi nadie habla: reconocer un error delante de tu equipo. Y os aseguro que esa, con diferencia, es la que más seguridad psicológica genera. Si ahora mismo cerráis los ojos y pensáis en algún/a líder que hayáis tenido o tengáis, y en su reacción cuando comete un error… ¿Cómo es? ¿Lo esconde? ¿Cambia de tema? ¿Lo lanza como una pelota al tejado de otro/a? ¿O reconoce su fallo y se abre a debatirlo para poder mejorar? Admitir un error, además de un gesto de humildad, es una decisión estratégica.
Solemos hablar de la humildad como si fuera un rasgo de carácter, algo con lo que naces o no. Una característica que te permite conectar más/menos con el resto de personas. Pero cuando un/a líder reconoce delante de su equipo que se equivocó, no está siendo simplemente humilde. Realmente le está enseñando a todo el equipo qué pasa cuando alguien falla en esa organización. Y eso cala…
Si lo que ven es que el error se disfraza, se maquilla o se reescribe (que sabemos que hay personas expertas en hacer esto...), aprenden que equivocarse es peligroso, que lo inteligente es no dejar rastro de nada. Y entonces empiezan a hacer lo mismo: maquillar, justificar, culpar al contexto, a los/as demás…Pero claro... Nadie llega a un puesto de liderazgo pensando en ser vulnerable. Llega pensando en tener la razón a menudo, en que le sigan, en demostrar que sabe lo que hace, en inspirar a través del ejemplo. Y aquí está el problema: cuanto más arriba estás, más caro te sale, en apariencia, admitir que te equivocaste.
Hay más gente mirando, más gente que podría usarlo en tu contra, más sensación de que tu autoridad depende de no fallar nunca en público… Y acabas ocultándolo. Sí, suena contradictorio. Pero, precisamente, es justo al revés. Un/a líder que nunca se equivoca (en público) no genera más confianza. Genera más miedo. Si nunca ves a alguien reconocer un fallo, tampoco sabes qué pasaría si tú lo hicieras. Y ante la duda, la gente elige lo seguro: callarse, disimular o directamente no arriesgarse a intentar nada que pueda salir mal.
Y en programática, igual que en el resto de sectores, el silencio sale carísimo.
Aquí es donde, para mí, nuestro sector tiene un problema muy concreto. Y muy serio. En AdTech un error no espera a la reunión del lunes, como puede pasar en otro tipo de negocios.
Un floor mal configurado, un targeting que se ha quedado abierto, un deal ID que no es el que toca, una discrepancia en el reporting que nadie ha detectado… Cada hora que pasa sin que alguien levante la mano es presupuesto agotado, margen al traste y un cliente que, probablemente, lo va a ver en sus números. Es decir: en programática, el tiempo que tarda una persona en reconocer un error se mide en euros. Y ese tiempo no depende de lo técnica o lo cuidadosa que sea esa persona. Depende de lo que haya visto pasar antes. De si la última vez que alguien avisó de un fallo se encontró con ayuda… o con una caza de brujas en el canal de Slack.
A ver si os suena… Alguien detecta algo raro un viernes por la tarde, duda, lo revisa tres veces y se lo calla hasta estar seguro/a. No por irresponsabilidad, sino por miedo. Ese aprendizaje, casi siempre, empieza arriba. Cuando quien lidera se sienta en una revisión de campaña y dice "esta decisión la tomé yo, no salió bien, veamos qué hacemos", pasan cosas súper útiles que no consigue ninguna formación al uso.
La pregunta cambia. Deja de ser "¿quién ha sido?" y pasa a ser "¿qué ha fallado en el proceso?" El post-mortem se convierte en aprendizaje. Y la próxima persona que vea algo raro un viernes a las seis… lo dirá. A tiempo. Todos/as ganando.
Y, ojo, que no hablo de flagelarse en público ni de convertir cada reunión en un confesionario. Tampoco de restarle importancia a los errores (que la tienen, y mucha, en un sector donde se mueve dinero en tiempo real). Hablo de coherencia. De responsabilidad. De que ese ownership que tanto pedimos a los equipos empiece por quien más poder tiene.
Además, vivimos en una industria que lo automatiza casi todo. Los algoritmos pujan solos, las campañas se optimizan solas, los dashboards se actualizan al segundo… Y, sin embargo, hay algo que ninguna plataforma va a hacer por nosotros: levantar la mano cuando algo va mal.
Eso lo hacen las personas. Y solo lo hacen cuando se sienten seguras.
¿Seguimos mirando hacia otro lado si no hay seguridad psicológica? Porque, al final, además de humanismo, se trata de productividad y economía…
Por Patricia Iglesias, Chief People & Culture Officer de Tappx & Taproom with techsoulogy
