La publicidad agéntica no elimina intermediarios, está creando otros nuevos

A ver qué te parece esta afirmación: “Si los agentes de IA pueden automatizar planificación, empaquetado, forecasting, generación de propuestas, optimización y ejecución, los publishers deberían vender mejor, operar con menos problemas y conectar con la demanda de una forma más directa”. Es decir, menos tareas manuales, menos presentaciones repetidas, menos ida y vuelta operativo, más tiempo para estrategia y relación. Es difícil estar en contra de eso, ¿verdad? También era difícil estar en contra de añadir un SSP más cuando prometía demanda incremental, y costaba, vaya si costaba (algún día contaré por aquí lo del gurú español que dijo que no podía haber más de un quinto bidder en Header Bidding).

El problema nunca fue que los SSPs adicionales no aportaran nada, el problema era que los publishers optimizaban integración por integración, sin mirar con suficiente severidad el coste acumulado del sistema. Cada nuevo partner parecía razonable de forma aislada: uno traía demanda internacional, otro mejoraba vídeo, otro decía tener una relación especial con cierta agencia, otro prometía más presión competitiva en la subasta y así, poco a poco, una estrategia de monetización se convertía en una arquitectura difícil de explicar sin abrir cinco pestañas en el navegador y pedir perdón antes de empezar.

Un publisher medio trabaja con más de 25 SSPs… ¿Cómo te quedas? La industria no ha llegado hasta ahí porque los equipos de revenue fueran ingenuos, sino porque el incentivo estaba claro: si cada integración añadía algo de ingresos, apagarla parecía irresponsable. La factura real aparecía después, en forma de duplicación, presión de margen, pérdida de control, señales contradictorias y dependencia de demasiados intermediarios vendiendo versiones parecidas del mismo inventario.

La publicidad agéntica puede repetir exactamente ese patrón si el mercado no aprende de su propia biografía. El nuevo relato dirá que no hablamos de SSPs, sino de agentes: agentes gestionados por el publisher para venta directa, agentes impulsados por SSPs para automatizar transacciones, agentes de plataformas de datos para crear audiencias, agentes especializados en branded content, patrocinios, PMPs, nativo, vídeo, CTV o paquetes contextuales… Cada uno tendrá su lógica, cada uno tendrá una demo razonable y cada uno prometerá incrementar ingresos sin alterar demasiado la operación, pero ¿cuántos agentes necesita realmente un publisher para vender bien? Porque si la respuesta acaba siendo “uno por cada ecosistema que quiere representarte”, entonces apaga y vámonos… no hemos reducido intermediarios, los hemos rediseñado con una interfaz más bonita.

Pero ojo que el riesgo no está únicamente en el lado del publisher, está también en cómo se comportarán los buyer agents. Un agente de compra no actúa en el vacío: actúa según objetivos, restricciones, señales y caminos disponibles. Si un comprador le pide encontrar inventario web y OLV de calidad para una campaña del Mundial, optimizar hacia ROAS y trabajar con una audiencia concreta, el agente evaluará las respuestas de distintos agentes de venta y asignará inversión en función de las señales que tenga delante. Todo eso suena genial y hasta neutral, pero no necesariamente lo es. Los sistemas agénticos codifican incentivos y si un buyer agent pertenece a un ecosistema con intereses comerciales propios, puede tener incentivos para favorecer ciertos caminos de suministro, ciertos agentes de venta o determinadas estructuras de liquidación. No porque “quiera” hacerlo en un sentido humano, sino porque su función de optimización puede estar diseñada dentro de un marco económico concreto.

En programática ya conocemos esta película: el dinero no siempre fluye hacia el camino con mejor rendimiento real para el anunciante o mayor valor neto para el publisher, a veces fluye hacia el camino más incentivado, más integrado, más cómodo o más controlado por quien define las reglas de acceso. Cambia la tecnología, pero no necesariamente cambia el poder. Si los publishers perciben que determinados buyer agents favorecen determinados sales agents, la reacción natural será abrir más agentes, no menos. Lo mismo que ocurrió con los SSPs: estar en todos los caminos posibles para no quedarse fuera de la demanda. Esa lógica puede parecer defensiva, pero termina produciendo el resultado que supuestamente se quería evitar: más duplicación, más opacidad y más dependencia. Por eso, el debate importante no es si un publisher debe tener agentes, que probablemente sí, sino qué tipo de sistema de agentes construye y quién mantiene el control de las variables críticas: inventario, audiencias, pricing, packaging, reporting, settlement y relación comercial.

Un enfoque razonable no pasa por llenar el mercado de representaciones redundantes, sino por definir un agente principal que entienda el inventario, la política comercial, la estructura de audiencias, los precios y la forma en que el publisher quiere ser empaquetado. A partir de ahí, tiene sentido desarrollar agentes especializados para casos donde la lógica de venta sea realmente distinta: branded content, patrocinios, programática escalable, nativo, vídeo o soluciones custom. La especialización tiene sentido cuando responde a una necesidad comercial distinta, no cuando replica el mismo inventario en diez ventanillas con distinto logo. También importa la capa de pago. En publicidad digital, quien controla el flujo económico suele controlar más de lo que reconoce. Si plataformas como Scope3, PubMatic, Magnite, TripleLift u otros actores quieren actuar como clearinghouses (recibiendo inversión de compradores y agencias y distribuyendo pagos a agentes de venta y publishers), no estamos hablando solo de qué tecnología ofrecen, sino cómo evitan sesgos de supply path, cómo soportan agentes de terceros, qué información comparten y quién gana poder sobre la relación económica. Y ahí, querido lector, está una de las tensiones estructurales de la publicidad agéntica: un publisher puede construir un agente magnífico, pero si el entorno de compra, liquidación y reporting está dominado por otros, su autonomía será parcial. La venta puede parecer directa en la interfaz y estar intermediada en la economía, es una forma bastante clásica de perder control con una presentación bastante moderna.

Para las agencias y anunciantes la lección es parecida. Si de verdad quieren evitar caminos duplicados y costes innecesarios, no bastará con adoptar buyer agents de terceros sin preguntar qué incentivos codifican. Tendrán que entender qué supply paths evalúan, qué señales priorizan, qué agentes excluyen y qué acuerdos comerciales condicionan la optimización. La automatización no elimina la necesidad de criterio; solo castiga más rápido su ausencia. Para los publishers, el riesgo es caer en la misma trampa emocional de siempre: confundir presencia con estrategia; estar representado en más lugares puede generar ingresos marginales, pero también puede diluir pricing, fragmentar señales, perder control sobre el producto y enseñar al mercado que tu inventario se puede comprar por demasiadas puertas.

La publicidad agéntica ofrece una oportunidad real para ordenar la comercialización digital. Puede automatizar tareas de bajo valor, acelerar propuestas, mejorar forecasting, empaquetar mejor audiencias y liberar a los equipos comerciales para hacer lo que ninguna máquina debería sustituir del todo: entender al comprador, construir confianza y negociar valor. Pero solo será un reset si el mercado decide comportarse de forma distinta. Si cada SSP lanza su sales agent, cada plataforma de datos el suyo, cada comprador opera en su jardín y cada publisher acepta todas las representaciones por miedo a perder demanda, no habremos inventado una nueva etapa, habremos construido el mismo laberinto con nombres más bonitos.

Puntos clave:

  • La publicidad agéntica puede mejorar la eficiencia comercial de los publishers, pero también puede reproducir la complejidad que ya generó la expansión de SSPs.

  • El riesgo no está solo en tener muchos agentes, sino en que los buyer agents favorezcan ecosistemas propios o caminos incentivados, no necesariamente los mejores para el publisher.

  • El verdadero valor para los publishers estará en coordinar pocos agentes especializados, controlar pricing, packaging y datos, y no ceder la relación comercial a una nueva capa de intermediarios.

Este resumen lo ha creado una herramienta de IA basándose en el texto del artículo, y ha sido chequeado por un editor de PROGRAMMATIC SPAIN.

 
Gossip Boy

Profesional senior del sector publicitario. Por razones obvias, escribe bajo pseudónimo. Experto en programática, estrategia de medios y estructuras de poder en el ecosistema digital.

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