Direct Offers: monetizar la intención sin delegar el control
Estamos en una fase muy temprana de definición de los modelos publicitarios que sobrevivirán dentro de interfaces de IA conversacional. No hay estándares, no hay consensos claros y desde luego no hay todavía un “RTB para chatbots”. Lo que sí hay es una tensión estructural evidente: quien controla la interfaz suele acabar controlando también la monetización.
El anuncio de Google sobre Direct Offers encaja perfectamente en esa lógica, con una promesa muy atractiva: ofrecer promociones directamente en el momento exacto en el que el usuario expresa una intención clara, sin banners, sin interrupciones y en teoría con una experiencia más útil. El problema no es el concepto, sino el perímetro: Google controla la experiencia, controla el contexto, controla la subasta y controla el reporting. Para el anunciante y para el retailer, el riesgo es evidente: otra caja negra más y esta vez incrustado en una conversación.
Aquí es donde se abre un planteamiento interesante desde un punto de vista estructural por parte de Kevel, y n porque “resuelva” el problema sino porque propone una arquitectura alternativa: Direct Offers como lógica de monetización desplegada por el propio retailer o publisher dentro de su chatbot, usando APIs existentes y sin necesidad de crear un nuevo sistema publicitario opaco.
La diferencia es sutil, pero crítica. En el modelo dominante de las plataformas, la intención del usuario se convierte en una señal que entra en una subasta gestionada por un tercero. En un modelo de Direct Offers controlado por el propietario del entorno, la intención se convierte en una decisión de negocio directa, no se compite por esa impresión, se actúa sobre ella.
Desde un punto de vista técnico, el enfoque se apoya en algo que la industria conoce bien, pero que llevaba años infrautilizado: la separación entre decisioning y delivery. El chatbot detecta contexto e intención, el motor de ofertas decide qué promoción tiene sentido mostrar en función de reglas, inventario, márgenes o prioridades comerciales y la entrega se produce sin pasar por una subasta externa ni por una capa adicional de intermediación.
Esto no es casual, sino una reacción directa a dos tendencias que están convergiendo. La primera es la erosión de la eficacia de los modelos basados en pujas cuando el volumen de inventario deja de ser el problema y el cuello de botella pasa a ser la atención cualificada. La segunda es el hartazgo (especialmente en retailers) con sistemas publicitarios que optimizan para métricas que no siempre se alinean con el negocio real.
Direct Offers no pretende “reinventar” la publicidad. De hecho se apoya en principios bastante clásicos: control del inventario, reglas explícitas, transparencia en la lógica de decisión y alineación con objetivos comerciales reales. La novedad está en el contexto y aplicar estos principios dentro de una conversación con un usuario que ya ha expresado intención es un cambio profundo respecto al display tradicional o incluso al search.
Hay una implicación incómoda para el ecosistema programático. Si el high-intent se gestiona cada vez más dentro de entornos cerrados (chatbots propios, asistentes de marca, experiencias conversacionales) el valor de la subasta abierta se reduce, no desaparece, pero deja de ser el mecanismo dominante en los momentos de mayor valor económico.
También hay una implicación para agencias y traders. En un modelo de Direct Offers bien implementado, el trabajo ya no está en “optimizar pujas”, sino en diseñar la lógica de decisión: qué oferta mostrar, a quién, en qué contexto y bajo qué condiciones de negocio. Es un role más cercano al trade marketing que al media buying tradicional y eso no es trivial desde el punto de vista organizativo.
Tampoco es casual que este tipo de planteamientos resuene especialmente entre retailers que están lanzando sus propios chatbots. Para ellos la alternativa es clara: o delegan la monetización de la intención en una plataforma externa, o construyen su propia capa de activación comercial. La primera opción escala rápido, pero diluye control. La segunda requiere más esfuerzo pero preserva margen y conocimiento del cliente.
El debate de fondo no es si Direct Offers “funcionan mejor” que otros formatos, esta afirmación dependerá de múltiples variables que hoy no pueden generalizarse. El debate real es quién diseña el sistema de incentivos dentro de la conversación y ahí el paralelismo con el search de principios de los 2000 es inevitable.
En este sentido, Direct Offers no es tanto un producto como una señal; indica que la industria empieza a asumir que la monetización en entornos de IA no puede limitarse a replicar modelos existentes con otra interfaz. Necesita repensar la relación entre intención, decisión y activación.
Por primera vez en mucho tiempo, existe la posibilidad real de monetizar high-intent sin esconder la lógica detrás de una subasta opaca. No es una garantía de éxito y no debería venderse como tal, pero sí una oportunidad para devolver control a quienes gestionan la relación directa con el usuario y en un ecosistema cada vez más acostumbrado a ceder ese control a cambio de escala, eso ya es un cambio relevante.
Puntos clave:
Direct Offers apuntan a un modelo de monetización basado en intención explícita dentro de interfaces conversacionales, fuera de la lógica clásica de la subasta.
El valor diferencial no está en el formato, sino en quién controla la decisión, la lógica comercial y el acceso a los datos.
Para retailers y publishers con chatbots propios, Direct Offers representan una alternativa estructural al black box de las grandes plataformas.
Este resumen lo ha creado una herramienta de IA basándose en el texto del artículo, y ha sido chequeado por un editor de PROGRAMMATIC SPAIN.
