‘Contar bien. Contar con todos”, por Aida Méndez (GfK Media)

Ahí va una verdad incómoda: ninguna medición es perfecta. Quien diga lo contrario, miente. Verás, acompáñame en una “historia de la Historia” que es el ejemplo perfecto de esto.

Hasta el siglo XVIII, las longitudes se medían con referencias corporales: pies, palmos, pulgadas y demás extremidades servían como unidades y cambiaban de un lugar a otro. Un lío. En tiempos de la Revolución Francesa científicos y políticos ilustrados decidieron tomar medidas (perdón por el juego de palabras) para acabar con este caos y tener una referencia común. El caso es que se pusieron de acuerdo para enviar a dos astrónomos a medir el meridiano que pasa por París y definir, de una vez por todas, qué es un metro. Se tiraron más de 8 años midiendo y calculando con las metodologías más avanzadas de la época. El objetivo era conocer la longitud exacta de la circunferencia terrestre y tomarla como referencia universal. Spoiler: se equivocaron. Por muy poquito, eso sí: hoy en día, con la tecnología actual, sabemos que el meridiano completo mide 40.008 kilómetros, no los 40.000 limpios que ellos pensaban.

¿Y sabes qué? Funcionó igual. Porque la medición no era perfecta pero era la mejor posible, la que ponía de acuerdo a todos. Y eso es lo más importante de esta historia: el consenso (técnico, pero también político) que nos dejó uno de los más importantes legados de la Ilustración: el sistema métrico decimal. El que nos ha permitido que científicos puedan entenderse en cualquier parte, poner satélites en órbita y tender los cables submarinos por los que estás leyendo esto ahora mismo.

La medición digital funciona un poco igual. Un currency no es solo la mejor tecnología disponible del mercado. Es también la convención que la industria decide compartir.

Hace poco me dijeron que "somos demasiado innovadores". Me pareció un gran cumplido, pero soy consciente de hay una tensión natural entre innovación y consenso. Cuando algo cambia, da miedo que el suelo se mueva bajo tus pies. Y un currency de medición debería ser precisamente eso, suelo firme: un acuerdo sobre qué y cómo se mide en el que toda la industria se apoya. Para esto, hay que sentar a todo el mundo a la mesa y construirlo juntos. Para que la innovación no sea algo que “nos pasa” sino algo que hemos hecho a medida de lo que necesitábamos. El consenso es lo que queda cuando la innovación se hace bien.

Eso sí, para conseguir esto necesitas control total sobre lo que estás haciendo. Nosotros desarrollamos nuestra propia solución desde Madrid, con nuestro equipo, sin depender de que alguien desde fuera nos dé permiso para tocar el producto. Cuando la industria o los clientes nos hacen propuestas, sugerencias y también (por qué no decirlo) críticas, podemos movernos, iterar y mejorar.

Así que la innovación, en realidad, no es el objetivo, es la forma de trabajar. Ninguna medición es perfecta, es verdad, pero la que construimos juntos en cada momento, es la mejor posible. La que nos permite que todo el mundo esté dentro. Y contar con todos, al final, es la única forma de contar bien.

Por Aida Méndez, directora de Operaciones y Producto en GfK Media

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