‘Quién cubre a quién. El verano, prueba de cultura corporativa’, por Patricia Iglesias
Julio. Las agendas se van vaciando poco a poco, los "OOO" empiezan a programarse en el calendario, y en muchas empresas ya se respira ese airecillo de cuenta atrás hacia agosto… (por lo menos, en España).
Y aunque a simple vista parezca algo menor (sobre todo si lo comparamos con las grandes estrategias de negocio del segundo semestre), llevo años observando algo que me parece de lo más revelador sobre la salud real de una organización: cómo gestiona el verano.
Porque el verano no es solo el momento en que la gente descansa (o debería). Es, sobre todo, el momento en que se ve cómo está diseñado realmente un equipo.
¿Aguanta sin una persona concreta?
Ese es el test. No falla.
La pregunta que hay que hacerse
Cada verano me encuentro la misma escena, en empresas distintas, en sectores distintos: alguien se va tres semanas de vacaciones (bien merecidas, por cierto) y, de repente, aparecen mensajes urgentes, dudas que solo él/ella sabe resolver, procesos que se paralizan porque “es que esto siempre lo lleva él/ella”.
Y entonces yo me pregunto (y os lo pregunto también a vosotros/as): si tu equipo se resiente porque una persona ha desconectado tres semanas, ¿tienes de verdad un problema de vacaciones? ¿O tienes un problema de diseño de equipo y de liderazgo?
Porque no nos engañemos: no es un problema de calendario. Es un problema estructural que el verano simplemente pone sobre la mesa.
El mito de la persona imprescindible
En muchas organizaciones (y yo misma he sido parte del problema alguna vez, no os voy a engañar) se premia, sin darnos cuenta, la indispensabilidad. Valoramos a quien lo sabe todo, a quien hace que funcionen las cosas, a quien contesta un domingo aunque esté de vacaciones.
Y lo hacemos sonar como un halago. Como si fuera sinónimo de compromiso, de talento, de vocación.
Yo peco y he pecado. Y sé que no soy la única.
Pero, si lo miramos con honestidad, ser imprescindible no es un síntoma de fortaleza organizativa. Es justo lo contrario: es la prueba de que no hemos construido sistemas, sino dependencias.
Y las dependencias, tarde o temprano, se rompen. Por vacaciones, por una baja, por una renuncia, o simplemente porque esa persona, un día, decide que también tiene derecho a desconectar del todo.
Y aquí viene la parte incómoda, de la que no se suele hablar.
Porque sí, muchas veces el problema es de diseño: procesos no documentados, conocimiento que vive solo en la cabeza de una persona, equipos donde nunca se ha invertido tiempo en compartir información porque se vive en el cortoplacismo o apagando fuegos.
Pero otras veces (y esto también hay que decirlo con respeto, no con reproche) la indispensabilidad se cultiva. Sin mala intención, casi siempre desde el miedo. Porque si soy el/la único/a que sabe hacer esto, entonces soy necesario/a. Entonces tengo valor. Entonces no me pueden sustituir.
Menudo error pensar así…
Porque ahí, sin quererlo, convertimos nuestra seguridad personal en la fragilidad del equipo.
Yo lo he vivido. Y sé que cuesta soltar información, soltar tareas, dejar que lo hagan los demás. Pero un liderazgo (y también una compañera o un compañero de equipo) que no comparte lo que sabe, no está siendo indispensable. Está siendo, sin darse cuenta, un cuello de botella.
Lo sistémico detrás de "quién cubre a quién"
Si lo pensamos con perspectiva sistémica (que ya sabéis que es de las que más me gusta), veremos que el verano no crea el problema. Solo lo hace visible.
Un equipo que funciona solo cuando todo el mundo está presente al cien por cien no es un equipo resiliente, ni de alto rendimiento. Es un equipo que vive permanentemente al límite, aunque durante el resto del año no lo notemos porque nadie se atreve a probar los límites reales.
Y aquí entra, otra vez, la seguridad psicológica: ¿puede alguien en tu equipo decir "yo no sé hacer esto, nadie me lo ha explicado" sin que eso le pase factura? ¿Existe la costumbre real de documentar, de compartir, de cubrirse mutuamente, o cada quien defiende su parcela de conocimiento como si fuera territorio?
Porque los equipos sanos no dependen de héroes ni heroínas. Dependen de sistemas.
Así que, antes de que lleguen las vacaciones de todo el mundo, me parece que merece la pena que nos hagamos, como organizaciones y como líderes, algunas preguntas honestas:
¿Qué pasaría si esta persona se fuera un mes y no volviera? ¿Tenemos ese conocimiento en algún sitio más que en su cabeza?
¿Estamos fomentando la documentación y el traspaso de información como parte del trabajo o como una tarea "para cuando haya tiempo" (que nunca llega)?
¿Reconocemos y valoramos a quien comparte lo que sabe tanto como a quien lo acumula?
¿Estamos, sin querer, premiando el "estar siempre disponible" como si fuera una virtud?
Y una última, quizá la más incómoda de todas: ¿estamos dispuestos/as, como líderes, a soltar el control y confiar en que el equipo puede funcionar sin nosotr@s?
Porque si la respuesta es no, el problema no es de nuestro equipo. Es nuestro.
Pero veamos el verano como una oportunidad.
No quiero que esto se lea en clave de alarma. Al contrario: creo que el verano es una oportunidad brutal para diagnosticar de verdad cómo está construido un equipo, y para empezar a cambiarlo desde la responsabilidad, individual y colectiva.
Responsabilidad de quienes lideramos, por supuesto: diseñar equipos que no dependan de la heroicidad de una persona. Pero también responsabilidad de cada uno/a de nosotros/as, porque compartir lo que sabemos, formar a quien viene detrás y confiar en que el equipo puede funcionar sin nuestra presencia constante, también es una forma de cuidado. Del equipo, y de nosotros/as mismos/as.
Porque, al final, un equipo fuerte no es el que nunca se resiente cuando alguien falta. Es el que ha aprendido, con el tiempo, a cubrirse entre todos/as, sin que nadie tenga que cargar solo/a con el peso de ser imprescindible.
Así que antes de cerrar el portátil este verano, os dejo la pregunta que de verdad importa: si te fueras tú tres semanas, ¿tu equipo seguiría de pie? Y si no es así... ¿qué vais a hacer al respecto antes de septiembre?
😉
Por Patricia Iglesias, Chief People & Culture Office de Techsoulogy
