El coche como nuevo soporte publicitario
Durante años, nuestro coche ha sido casi como un santuario: no solo un medio de transporte, sino un espacio íntimo, acústico, personal… un lugar donde, paradójicamente aún se podía estar solo. Ahora ese refugio está en proceso de ser reconvertido en un canal más de monetización. Lo dicen los datos, lo confirman las patentes y lo constatan las pantallas. Las marcas de automoción, apremiadas por una transformación digital que aún no encuentran cómo rentabilizar del todo, han encontrado en los sistemas de “infoentretenimiento” un nuevo vector de ingresos: la publicidad contextual dentro del habitáculo.
No hablamos ya de la radio ni de los anuncios en carretera sino del salpicadero, de la pantalla táctil donde miramos el GPS o cambiamos de emisora y, en breve, también la oferta de café más cercana, una recomendación de recambio para el limpiaparabrisas o, directamente, una activación geolocalizada que nos lleva de forma literal a un punto de venta.
La lógica es indiscutible: el 97% de los coches nuevos ya incorporan pantallas conectadas, hay más de 400 millones de vehículos conectados en circulación y empresas como 4screen están demostrando que el canal tiene tracción: aumentos del 3% al 7% en tasas de aparcamiento en localizaciones anunciadas. El modelo ya no es solo viable, es escalable. Si cada coche generase 100€ de ingresos publicitarios al año, estaríamos hablando de un mercado potencial de más de 50.000 millones de euros en 2030. A partir de ahí, las piezas encajan solas: retirada progresiva de sistemas espejo como Apple CarPlay o Android Auto, control propietario de la experiencia en pantalla y explotación directa de datos de uso, trayecto y conversación. Sí, has oido bien: conversación. Ford ha registrado patentes que permitirían a los vehículos escuchar nuestras interacciones dentro del coche y activar anuncios relacionados. ¿La tecnología está activa? Aún no ¿Se puede comercializar ya? Tampoco. ¿Muestra con claridad la dirección estratégica de los fabricantes? Absolutamente.
La reflexión que subyace en todo este tema es más incómoda. Hasta ahora, aceptábamos, ya sea por costumbre o resignación que nuestros móviles, ordenadores y televisores fueran superficies publicitarias, pero el coche, como antes lo era el dormitorio o el baño, todavía operaba bajo el espejismo de lo privado. Este espejismo se rompe cuando un banner salta en mitad del salpicadero, aun cuando ese banner ofrezca algo útil, cuando su diseño sea sobrio porque no es solo cuestión de formatos o frecuencia, es una cuestión de límites.
Lo que inquieta no es el mensaje, sino su contexto. No es el contenido del anuncio, sino el hecho de que el vehículo, en el que hemos depositado nuestra movilidad, empiece a comportarse como un canal de retargeting. La publicidad programática ha demostrado una capacidad asombrosa para colonizar superficies, pero con cada nueva pantalla ganada también se borra un poco más la noción de espacio personal. Ahora bien, conviene no caer en el catastrofismo. El potencial de los coches como plataforma publicitaria también abre vías interesantes para los anunciantes: segmentación contextual hiperlocal, integración con retail físico, servicios postventa personalizados y activaciones para audiencias cautivas en tránsito. Si se hace con cuidado y con respeto al usuario puede construirse un canal de alto valor para ambos lados del ecosistema.
Pero la pregunta que sigue en el aire es ¿dónde dibujamos la última línea? ¿Qué queda realmente fuera del alcance de la publicidad digital? Tal vez la respuesta no esté en prohibir, sino en regular. Tal vez no se trate de evitar que el coche hable, sino de asegurarse de que cuando lo haga no nos susurre al oído sin haber sido invitado. Lo que es indiscutible es que estamos ante un nuevo frente en la evolución de los medios y como en toda transición estructural, el equilibrio vendrá (si viene) con madurez, transparencia y una mirada menos centrada en la monetización inmediata y más preocupada por la experiencia que se construye para el usuario. Al fin y al cabo, en ese espacio entre destino y trayecto, también se juega el futuro de la relación entre las marcas, las personas y la tecnología.
Puntos clave:
El coche conectado se consolida como nuevo soporte publicitario gracias a su pantalla, su geolocalización y el volumen de datos que genera.
Marcas como Ford, Stellantis y plataformas como 4screen están activando modelos de monetización a través de sugerencias, promociones y publicidad contextual.
El reto está en equilibrar la eficiencia publicitaria con la privacidad del conductor, evitando que lo útil se convierta en una invasión.
Este resumen lo ha creado una herramienta de IA basándose en el texto del artículo, y ha sido chequeado por un editor de PROGRAMMATIC SPAIN.
