Cloudflare, IA y el derecho a decidir: cuando el control llega antes que el modelo
Durante años, los publishers han pedido algo muy concreto a las grandes plataformas y a la infraestructura técnica que sostiene la web abierta: control. Control sobre su inventario, sobre su data y cada vez más, sobre el uso que los terceros hacen de su contenido para entrenar a los modelos de inteligencia artificial. Con el lanzamiento de herramientas como AI Crawl Control y Pay Per Crawl, Cloudflare ha respondido a esta demanda histórica y ha puesto un interruptor donde antes no lo había.
Pero la historia reciente del ecosistema digital demuestra que los interruptores raramente vienen acompañados de un manual de uso. Ads.txt no resolvió por sí solo la calidad del inventario, el “curation” no ordenó automáticamente la cadena de suministro y la privacidad, convertida en principio rector, no evitó la concentración de poder en quienes ya partían con ventaja estructural. El control sobre el rastreo de IA corre el riesgo de seguir ese mismo patrón.
La pregunta ya no es si los publishers pueden decidir quién entra en sus propiedades, sino qué hacen con esa decisión. El rastreo por parte de agentes de IA no encaja bien en los marcos mentales tradicionales de la industria ya que no es tráfico humano, pero impacta en la infraestructura. No es un discovery clásico, pero puede influir en la visibilidad. Tampoco genera ingresos directos, pero puede erosionar modelos existentes y sobre todo, no pasa por el stack publicitario ni por las herramientas habituales de monetización.
Ahí es donde empieza el verdadero problema: las decisiones sobre permitir o bloquear agentes de IA se toman a nivel de hosting o CDN, antes de que el tráfico llegue a Analytics, a Ad Servers o a plataformas de monetización. Es una capa que históricamente ha vivido fuera del radar del AdOps pero cuyas consecuencias acaban aterrizando en sus KPIs: más carga en servidores, más latencia potencial y ningún retorno claramente atribuible.
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los publishers hoy no es la falta de voluntad para experimentar, sino la falta de visibilidad. Saber quién rastrea, con qué frecuencia y con qué propósito cambia por completo la conversación. No es lo mismo un modelo que entrena una vez y desaparece que un agente que vuelve de forma recurrente para generar respuestas sin enviar tráfico. Este matiz es clave porque rompe la falsa dicotomía que ha dominado el discurso durante el último año: o bloquear todo para protegerse o abrir la puerta sin condiciones por miedo a desaparecer del nuevo mapa del discovery. La realidad como casi siempre es más incómoda y más operativa.
“El descubrimiento ya no garantiza monetización”. Esta es probablemente la afirmación más difícil de asumir para un publisher que ha construido su negocio alrededor del tráfico. La aparición de respuestas generadas por IA, que sintetizan contenido sin necesidad de redirigir al usuario, introduce un intermediario más en una cadena ya de por sí compleja. El contenido sigue siendo la materia prima, pero el valor se captura en otro punto. En este contexto, permitir el rastreo puede equivaler a ceder valor sin contraprestación clara, pero en cambio, bloquearlo puede reducir la visibilidad futura en aquellos entornos donde los usuarios empiezan a informarse y a decidir. Sin datos suficientes, cualquier movimiento se parece demasiado a una apuesta. Por esto resulta relevante el papel de los proveedores de infraestructura que están intentando aportar contexto antes que conclusiones. Integrar controles avanzados no es una estrategia en sí misma pero permite formular mejores preguntas. ¿Qué agentes son realmente relevantes para mi site? ¿Cuántas veces vuelven? ¿Qué impacto tienen en costes operativos? ¿Existe algún indicio de retorno indirecto?
Este tipo de análisis desplaza la conversación del miedo a la negociación y cuando un publisher entiende que un agente vuelve de forma recurrente, el bloqueo deja de ser una medida defensiva para convertirse en una herramienta de palanca. No como amenaza, sino como punto de partida para explorar modelos de licencia o acuerdos futuros. No existe todavía evidencia concluyente de que esta dinámica vaya a escalar de forma generalizada, pero el paralelismo con otras fases de madurez del ecosistema es difícil de ignorar. Ahora bien, conviene no romantizar este nuevo “poder”. El rastreo de IA tiene costes reales, especialmente para los publishers medianos y pequeños. Cada request no humano consume recursos y no todos los agentes están optimizados ni operan con la misma eficiencia. En este sentido, bloquear también es una decisión económica, no ideológica.
Aquí aparece otra verdad incómoda: no hay playbook común porque no hay situaciones comparables. La dependencia del Search, el peso del contenido evergreen frente al breaking news, la exposición internacional o el grado de madurez técnica condicionan completamente la respuesta adecuada. Centralizar la decisión, como se ha hecho en otras áreas, sería un error. La industria ya ha vivido suficientes ciclos como para saber que los estándares no nacen completos. Ads.txt, SPO o la propia medición de la viewability evolucionaron a base de ensayo, presión y fricción. El control del rastreo de IA probablemente siga el mismo camino: una regulación incierta, intereses cruzados y una asimetría clara entre quien genera contenido y quien lo procesa.
Lo relevante esta vez es que los publishers no llegan tarde a la conversación: tienen una palanca aunque todavía no sepan bien cómo usarla y en un entorno donde durante años se les ha pedido adaptación constante sin capacidad real de negociación, eso ya es un avance. El reto ahora no es elegir entre abrir o cerrar la puerta, sino aprender a mirar quién llama, por qué y con qué frecuencia. Sin promesas de ingresos inmediatos, sin garantías y sin atajos... solo con datos, criterio y una dosis saludable de escepticismo, porque aunque no haya un mapa, tener la capacidad de decidir el camino sigue siendo mejor que avanzar a ciegas.
Puntos clave:
Cloudflare devuelve a los publishers el control sobre el rastreo de IA, pero la industria aún carece de datos y estándares para convertir ese control en una estrategia clara.
El rastreo de IA rompe la relación tradicional entre discovery y monetización, introduciendo costes y riesgos antes de cualquier retorno tangible.
Más que bloquear o permitir indiscriminadamente, el verdadero valor está en entender el comportamiento de los agentes y usar ese conocimiento como palanca futura.
Este resumen lo ha creado una herramienta de IA basándose en el texto del artículo, y ha sido chequeado por un editor de PROGRAMMATIC SPAIN.
