La caída de los medios y el auge del contenido sin autor
Cuando un diario como The Washington Post atraviesa una crisis tan severa que incluso se plantea su viabilidad económica a corto plazo, no estamos hablando solo del fracaso de un medio concreto. Estamos asistiendo al colapso del modelo editorial tradicional tal como lo conocimos durante el siglo XX. Detrás del hundimiento financiero, de la fractura entre redacción y dirección y de las deserciones masivas de suscriptores, lo que se revela es un síntoma más profundo: la descomposición acelerada del concepto de medio como “destino”.
Durante dos décadas, editores y anunciantes convivieron en un equilibrio precario pero funcional: Google, Facebook y otros grandes agregadores de tráfico ofrecían acceso masivo a los usuarios, los medios generaban contenido optimizado para buscadores o redes y a cambio monetizaban ese flujo mediante publicidad programática o suscripciones. El tráfico era el activo, el click, la unidad de medida y la marca del medio, su principal diferencial.
Pero todo este sistema está implosionando, pero no porque los usuarios hayan dejado de consumir noticias, sino porque han dejado de hacerlo en los medios. La “atención” está migrando a otros entornos: ya no buscamos información, esperamos que nos llegue. Ya no navegamos hacia portales de referencia, preguntamos a ChatGPT, a Perplexity, a Gemini... y ya no escaneamos titulares, absorbemos respuestas.
Estamos entrando de lleno en lo que podríamos llamar la era “Media-in-AI”. El contenido sigue siendo necesario, pero su origen importa cada vez menos. La marca editorial pierde protagonismo frente a la interfaz que lo presenta y eso transforma por completo la ecuación económica, porque si el usuario ya no ve el logo del medio, ni visita su site, ni reconoce su propuesta de valor diferencial, ¿quién paga por sostener esa estructura editorial?
Lo de The Washington Post es una advertencia, un aviso claro de que el modelo de “destino” web (donde el medio es una plaza pública que concentra tráfico y monetiza la atención) está quedando obsoleto. En su lugar, emerge un ecosistema donde el contenido se fragmenta, se atomiza, se disocia de su creador y se integra en entornos algorítmicos, inteligentes y omnipresentes. En este nuevo régimen, la visibilidad no está garantizada por la calidad ni por la marca, sino por la capacidad de ser procesado, indexado y servido por sistemas de IA generativa. Los efectos de esta transición son devastadores para el negocio editorial tradicional. La caída de tráfico orgánico desde buscadores se ha acelerado en los últimos doce meses, las visitas referidas desde redes sociales son testimoniales, y los muros de pago, que en algún momento se pensaron como refugio de sostenibilidad, apenas retienen a una fracción del público generalista.
A esta erosión del modelo se suma una desafección creciente de los lectores hacia los grandes medios, motivada tanto por la polarización política como por la desconfianza en los intereses corporativos de sus propietarios. Pero lo más disruptivo no es la pérdida de fe, es la pérdida de hábito, porque incluso quienes creen en el periodismo ya no lo consumen como antes. Y sin consumo directo, no hay espacio publicitario, y sin espacio, no hay demanda. Los CPM’s se diluyen, las campañas premium desaparecen, el branded content se fragmenta y el media buying se traslada a plataformas de distribución, no a medios generadores.
Pero paradójicamente, esta situación también abre una oportunidad porque si la IA necesita contenido veraz, actualizado y estructurado para alimentar sus respuestas, entonces el periodismo sigue siendo clave, si bien no lo será en su forma actual. El futuro del contenido de calidad pasa por convertirse en infraestructura. En una capa profunda que alimenta, certifica y dota de legitimidad a los modelos de IA, un role menos visible, pero más estratégico. Para que eso ocurra, necesitamos rediseñar los incentivos, reconfigurar el modo en que se remunera la producción de contenidos, crear sistemas de atribución que reconozcan el origen editorial de una respuesta generada y establecer nuevos acuerdos entre plataformas de IA y medios que vayan más allá de las licencias simbólicas.
El contenido sigue siendo el combustible del ecosistema digital pero su forma, su flujo y su función están cambiando de forma radical. No todos los medios sobrevivirán a esta transición. Muchos ya no lo están haciendo pero si somos capaces de repensar qué es un medio en un entorno dominado por modelos generativos, quizá podamos construir una nueva economía editorial más resiliente, más transparente y más alineada con el nuevo modo en que las personas se informan.
Al final, no se trata de salvar a los periódicos sino de asegurar que el conocimiento fiable siga existiendo en la conversación pública y para eso, necesitamos algo más que nostalgia: nuevos modelos, nuevas métricas y sobre todo, una nueva visión estratégica para la era del contenido sin autor.
Puntos clave:
El modelo editorial basado en tráfico referenciado y monetización directa está colapsando con la irrupción de los modelos de IA como nuevo interfaz de consumo informativo.
Los medios pierden visibilidad y peso como marcas en un entorno donde el contenido es servido sin atribución, fragmentado y descontextualizado.
Para sobrevivir, el periodismo deberá convertirse en una infraestructura esencial para alimentar, validar y dar legitimidad a los sistemas generativos, bajo nuevas reglas económicas.
Este resumen lo ha creado una herramienta de IA basándose en el texto del artículo, y ha sido chequeado por un editor de PROGRAMMATIC SPAIN.
