Los medios producen la información, las plataformas se quedan con la audiencia

Los medios digitales llevan años viviendo de una “ilusión”: si producen contenido relevante, las plataformas les ayudan a encontrar a sus audiencias, y a pesar de que ese “intercambio” nunca ha sido equilibrado, ha funcionado lo suficiente como para que todos fingieran que era una alianza: el medio pagaba la redacción, el vídeo, la investigación y la infraestructura, mientras que el buscador o la red social distribuían los enlaces y después vendían publicidad alrededor de esa distribución. Digamos que era una relación moderna, en el sentido de que uno hacía el trabajo y otro controlaba el acceso al cliente. Las respuestas anónimas de los profesionales del sector español sitúan a los publishers entre las partes de la cadena sometidas a mayor presión. No sabemos cuántos participantes de los que han contestado trabajan en medios ni a qué tipo de empresas representan, por lo que no es posible convertir la recurrencia del tema en una medida de mercado, pero el diagnóstico que describen resulta reconocible: caída de tráfico, pérdida de inversión, precios a la baja y una dependencia creciente de plataformas que concentran datos, audiencia y capacidad comercial.

El publisher se enfrenta ahora a una aritmética un tanto desagradable: tiene que producir más formatos, desarrollar vídeo, construir registros, organizar su first-party data, mejorar la experiencia de usuario, cumplir requisitos de privacidad y mantener una infraestructura publicitaria cada vez más compleja. Al mismo tiempo, recibe menos visitas desde algunas fuentes tradicionales y compite por presupuestos frente a entornos cerrados que ofrecen alcance, segmentación y medición en una sola interfaz. Cuando los ingresos no acompañan, la reacción inmediata suele ser aumentar la presión publicitaria, algo que se traduce en más posiciones, formatos más agresivos, refrescos, interstitials y todo aquello que un equipo de experiencia de usuario desaconsejaría si alguien le preguntara antes de cerrar el trimestre. El resultado es un círculo conocido: la monetización deteriora la experiencia, la experiencia reduce la fidelidad y la menor fidelidad obliga a monetizar con mayor intensidad.

A todo esto ahora se le añade la capa de IA generativa: los asistentes y motores de respuesta pueden sintetizar información procedente de múltiples fuentes y resolver la consulta sin que el usuario visite cada una de ellas. No podemos determinar a partir de las respuestas cuál será la magnitud exacta de ese efecto, pero la inquietud es clara. El contenido continúa siendo necesario para producir la respuesta; la visita al creador del contenido deja de serlo. Es un cambio importante porque el tráfico no era únicamente una métrica de vanidad, era la materia prima que permitía vender suscripciones, publicidad, registros y conocimiento de audiencia. Si la interfaz de descubrimiento retiene al usuario, el publisher conserva el coste editorial y pierde parte de las oportunidades de relación. La plataforma, por su parte, mejora su producto con información que no tuvo que financiar desde el origen. Qué práctico resulta el ecosistema cuando se observa desde el lado correcto de la API.

Las respuestas de los profesionales españoles también señalan la concentración de inversión en Google, Meta, Amazon y otros grandes entornos. Los anunciantes no eligen esas plataformas por maldad ni por desconocimiento, sino que las eligen porque simplifican el acceso a audiencias, ofrecen herramientas integradas y presentan resultados en un lenguaje que las empresas entienden. El Open Internet, en cambio, llega fragmentado en múltiples publishers, SSPs, identificadores y metodologías de medición. Esto obliga a los medios a demostrar algo más que disponibilidad de impresiones; deben construir productos que no puedan compararse únicamente por CPM: comunidades reconocibles, contexto editorial, datos consentidos, formatos propios, capacidad de generar consideración y relaciones directas con audiencias. La diferenciación no puede consistir en añadir otra etiqueta a un paquete programático prácticamente idéntico al de los demás. Pero la responsabilidad no pertenece solo a los publishers; las agencias y los anunciantes deciden qué tipo de ecosistema financian y si toda planificación se optimiza hacia el resultado inmediato y medible dentro de plataformas cerradas, la diversidad de medios se reduce. Después, nos sorprenderá descubrir que hay menos lugares independientes donde informar, entretener o construir cultura. La industria es capaz de celebrar el brand safety mientras debilita económicamente a quienes producen los entornos que considera seguros. Algunas respuestas piden apoyo explícito a los medios y critican que las decisiones se concentren en grupos concretos por relaciones históricas o acuerdos comerciales. Otras señalan que ciertos publishers tradicionales tampoco han innovado lo suficiente y continúan ofreciendo productos indiferenciados. Ambas observaciones pueden ser ciertas: defender el Open Internet no significa proteger cualquier modelo editorial de sus propios errores, significa asegurar que la creación de contenido tenga una oportunidad económica razonable cuando aporta valor real.

Los publishers tendrán que consolidarse, colaborar, compartir infraestructura y abandonar parte de la obsesión por controlar cada componente de forma aislada. También deberán negociar con mayor firmeza el uso de sus contenidos, invertir en producto y reducir la dependencia de tráfico prestado. No existe una solución única ni una garantía de supervivencia para todos. El tema más delicado corresponde al resto del mercado: si durante años hemos hablado de calidad, confianza, contexto y pluralidad, pero seguimos destinando la mayor parte de la inversión a los lugares donde resulta más sencillo comprar, quizá los medios no necesiten otra declaración de apoyo, quizá lo que necesitan es que los lectores estemos dispuestos a pagar por aquello que decimos valorar, porque si producir información deja de ser rentable y distribuirla sigue siendo un negocio excelente, el problema no será que los publishers no hayan entendido la transformación digital, será que la entendieron perfectamente, solo que demasiado tarde para descubrir que no eran ellos quienes estaban construyendo la plataforma.

Este artículo forma parte de una serie especial. Descubre el resto de contenidos aquí.

Puntos clave:

  • Los medios deben invertir en producto, datos y tecnología mientras pierden tráfico y soportan una presión constante sobre los precios.

  • La IA añade una nueva capa de intermediación: puede utilizar contenido editorial para responder sin entregar necesariamente una visita al medio que lo produjo.

  • La defensa del open internet exige que anunciantes y agencias valoren el entorno, la relación con la audiencia y la producción de contenido, no solo el CPM inmediato.

Este resumen lo ha creado una herramienta de IA basándose en el texto del artículo, y ha sido chequeado por un editor de PROGRAMMATIC SPAIN.

 
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