La IA será la columna vertebral de la arquitectura empresarial en 2026
Capgemini ha presentado su informe “TechnoVision: Las 5 principales tendencias tecnológicas a tener en cuenta en 2026”, una radiografía de las tecnologías que, según la consultora, alcanzarán un punto de inflexión el próximo año. El documento plantea un cambio de etapa nítido: la inteligencia artificial (incluida la IA generativa) deja de ser un conjunto de iniciativas aisladas para convertirse en una capa estructural que afecta al diseño de la arquitectura corporativa, al ciclo de vida del software y al modo en que las empresas consumen Cloud y gestionan sus operaciones.
Para Capgemini, el diagnóstico es claro. La inversión en IA ha corrido más rápido que su despliegue real y que la captura de valor en entornos productivos. Ese desfase obliga a las organizaciones a revisar lo aprendido en los últimos años y a asumir que los fracasos en algunos pilotos no se explican tanto por límites de la tecnología como por enfoques empresariales incompletos, falta de preparación de datos o expectativas mal definidas. En ese contexto, el informe apunta que 2026 será el año en el que la conversación pase de “demostrar que funciona” a “demostrar cuánto impacto aporta”.
Pascal Brier, director de innovación de Capgemini y miembro del Comité Ejecutivo del Grupo, enmarca este momento como el inicio de una fase de madurez en la que la IA se convierte en el núcleo de la arquitectura empresarial. La idea de fondo es que el valor a largo plazo no estará en casos de uso unitarios, sino en implementaciones transversales a nivel de compañía, donde la IA se integra desde las bases de datos y la infraestructura hasta la toma de decisiones operativa. En ese salto de escala, la consultora subraya un elemento que se vuelve crítico: la “química entre humanos e IA”, entendida como la capacidad de diseñar modelos de trabajo donde la tecnología amplifique productividad y calidad sin erosionar control, confianza o responsabilidad.
El segundo eje es la transformación del propio software. Capgemini sostiene que estamos entrando en un ciclo de “reconstrucción” en el que la IA no solo acelera tareas de programación, sino que cambia el modelo de creación y mantenimiento de aplicaciones. La evolución descrita es relevante: los equipos pasan de escribir código a definir intenciones y resultados esperados, mientras la IA genera componentes, los adapta y los mantiene con mayor velocidad. Este paradigma promete reducir tiempos de entrega y elevar la calidad, pero también introduce un nuevo estándar de gobernanza, donde la supervisión humana es indispensable para evitar vulnerabilidades, errores invisibles en cadena o degradación progresiva del rendimiento. En ese escenario, la consultora apunta a un cambio de perfil profesional: ganarán peso el pensamiento sistémico, la gestión de herramientas autónomas y la coordinación de agentes de IA, más que la programación tradicional en sentido estricto.
Ese rediseño del software se apoya, además, en una infraestructura Cloud que también cambia de piel. Capgemini denomina Cloud 3.0 a la fase en la que los modelos híbridos, privados, multicloud y soberanos dejan de ser alternativas específicas para convertirse en la norma operativa de la IA a gran escala. La tesis es doble: por un lado, la IA exige entornos de baja latencia y alta escalabilidad que no siempre encajan con el Cloud público clásico; por otro, las tensiones geopolíticas y el riesgo de interrupciones amplifican la necesidad de arquitecturas más resilientes. El informe sugiere que edge y Cloud tenderán a funcionar como un único tejido inteligente y que las organizaciones deberán rediseñar sus stacks buscando equilibrio entre rendimiento, portabilidad, operatividad y control estratégico. El reto asociado no es menor: la mayor flexibilidad también incrementa complejidad, lo que elevará la presión sobre la interoperabilidad entre proveedores y sobre las capacidades internas de gobernanza.
En paralelo, Capgemini sitúa las operaciones inteligentes como el cuarto gran movimiento de fondo para 2026. En lugar de aplicar automatización a tareas aisladas, la consultora anticipa una evolución hacia sistemas empresariales que orquestan procesos completos y conectados, capaces de romper silos y optimizar cadenas de valor enteras. La irrupción de agentes de IA en áreas como finanzas, supply chain, recursos humanos o servicio al cliente abre la puerta a operaciones más proactivas, menos dependientes del mantenimiento manual y con capacidad real de aprendizaje continuo. Aun así, el informe insiste en un principio de diseño esencial: la supervisión debe estar integrada desde el inicio para garantizar confianza, escalabilidad y resiliencia en procesos críticos.
La quinta tendencia, la soberanía tecnológica, aparece como la gran variable estratégica que enmarca a las demás. En un entorno de incertidumbre global, Capgemini describe una paradoja que redefine el concepto tradicional de soberanía: no se trata de aislamiento total, sino de construir una interdependencia resiliente. Esto implica diversificar proveedores, desplegar alternativas soberanas donde sean necesarias y controlar selectivamente capas críticas del stack digital. El informe anticipa una intensificación de la carrera por activos clave como semiconductores, almacenamiento, datos y modelos de IA, así como una expansión de propuestas de Cloud soberana impulsadas por grandes proveedores.
Leído en conjunto, TechnoVision describe un 2026 en el que la ventaja competitiva no dependerá de “usar IA”, sino de integrarla de forma coherente en la arquitectura de la empresa. Capgemini sugiere que las organizaciones que más avanzarán serán aquellas capaces de conectar cinco dimensiones al mismo tiempo: datos preparados para escala, desarrollo de software orientado a intención, arquitecturas Cloud flexibles y resilientes, procesos rediseñados para operar con agentes y una estrategia clara de mitigación de riesgos tecnológicos.
El mensaje final del informe es menos futurista de lo que parece y más operativo de lo que muchas compañías querrían admitir. La próxima etapa de la transformación digital no se ganará con pilotos brillantes o anuncios de innovación, sino con decisiones de arquitectura, gobernanza y talento orientadas a impacto medible. Y en ese tablero, la IA ya no será una herramienta más: será el sistema nervioso de la empresa que quiera competir con relevancia en la segunda mitad de la década.
