‘No soy un gurú’, por Xavier Garrido
Rafa Nadal me ha ayudado a encontrar respuesta a algo que lleva años incomodándome. Hace poco, viendo “Rafa”, su docuserie en Netflix, se me quedó grabada una frase: “La gente cree que soy un ganador. Yo no soy un ganador. Yo soy un competidor”. Me pareció extraordinaria. Sobre todo viniendo de alguien que lo ha ganado prácticamente todo. La victoria es efímera. Ganas, lo celebras y al día siguiente, vuelta a empezar. Las ganas de competir y de superarte, en cambio, te pueden acompañar toda la vida.
Y me acordé de algo que me pasa de vez en cuando en el trabajo. Llevo muchos años en publicidad y marketing digital, y a veces alguien me presenta como «gurú» de lo mío. Sé que lo dicen con cariño y lo agradezco de verdad. Pero esa palabra nunca me ha gustado demasiado.
No creo en los gurús. Y menos en una industria que lleva décadas reinventándose. He vivido unas cuantas transformaciones del sector. He acertado muchas veces y me he equivocado otras tantas. Si algo me ha enseñado todo ese tiempo es que la trayectoria no te da todas las respuestas. Siempre hay alguien que sabe más que tú de algo, que ve lo que tú no estás viendo o que resuelve el mismo problema de otra manera.
Lo peligroso es empezar a creerte que ya lo sabes todo. Pero últimamente he descubierto otra dimensión del aprendizaje. Y quizá una de las más importantes. Gracias a mi jefe y a mis compañeros actuales he experimentado una forma de trabajar que me ha obligado a replantearme incluso mis propias convicciones: el challenging. Cuestionar las ideas de los demás es relativamente fácil. Lo difícil es aceptar que cuestionen las tuyas.
Que alguien te pregunte cómo has llegado a esa conclusión. Que ponga en duda algo de lo que estabas convencido. Que te obligue a mirar alternativas que ni habías contemplado. Y que, cuando por fin crees tener una buena solución, vuelva a la carga: “¿Seguro que es la mejor?”
No siempre es cómodo, lo reconozco. Menos aún cuando llevas años construyendo tu criterio a base de experiencia. Pero esa incomodidad te obliga a pensar, a contrastar y, a veces, a aceptar que había una solución mejor que la tuya. Te mantiene despierto.
En consultoría esto es el pan de cada día. Cuestionar hipótesis y buscar alternativas forma parte de lo que se exige para dar al cliente la mejor solución posible. Y tengo la sensación de que en muchas empresas falta un poco de esa cultura. Se aceptan las cosas porque siempre se han hecho así, porque funcionan razonablemente bien, porque vienen de alguien con experiencia o, simplemente, porque es más cómodo no tocarlas.
Pero que algo funcione no significa que no pueda funcionar mejor. Y que alguien tenga mucha experiencia no significa que siempre tenga razón. Ni siquiera cuando ese alguien eres tú. Luego está la inteligencia artificial, que ha puesto patas arriba muchas formas de trabajar que llevábamos años dando por buenas. En cierto modo, nos ha devuelto a todos a la casilla de salida. La experiencia y el criterio siguen valiendo, y mucho. Lo que ya no vale es dar nuestras certezas por cerradas: lo que ayer era la mejor manera de resolver un problema puede no serlo mañana.
Toca aprender a desaprender para volver a aprender. Y sospecho que el mayor riesgo de esta etapa es seguir pensando y trabajando exactamente igual que antes. No conocer una herramienta tiene arreglo. Eso otro, bastante menos. Hay una frase que llevo años repitiendo en mis clases: Always be learning. Antes la relacionaba sobre todo con estar al día, descubrir tecnologías nuevas y adquirir conocimientos. Hoy creo que significa bastante más.
Aquí también tengo que reconocer a mi pareja, que viene precisamente del mundo de la consultoría. Ella me ha ayudado a entender todavía mejor el valor de cuestionar mis propias ideas y de no conformarme con la primera respuesta. Pero también me ha enseñado algo igual de importante: que mejorar no debería convertirse en una obsesión, y que hay que aprender a ser feliz mientras lo intentas.
Y eso no se queda en lo profesional. Sirve para el día a día: para no perder la curiosidad, escuchar más y juzgar menos, aprender de quien piensa distinto, reconocer un error o cambiar de opinión. Y para aprender a querer mejor a las personas que forman parte de tu vida. Por eso me impactó tanto la frase de Nadal. Competir y aprender tienen algo en común: no existe una última victoria ni una última lección. Siempre queda algo que mejorar y alguien de quien aprender.
Así que creo que ya tengo respuesta para la próxima vez que alguien me llame gurú: “No soy un gurú. Soy un eterno aprendiz”. No quiero que mi experiencia se convierta en el límite de lo que puedo aprender. Ni que las ganas de mejorar me impidan disfrutar de lo que ya tengo.
Always be learning.
Xavier Garrido, profesional de la publicidad y marketing digital, con trayectoria en estrategia, monetización de medios y retail media
